La cuadrilla llega a las siete. El cliente está en el trabajo. La llave la tiene el electricista, y el electricista está en otra obra hasta las diez. Una hora de cuatro personas en la acera cuesta más que cualquier arreglo de llaves. Sin una nota, todos están seguros de que abre otro. El material se queda en el vehículo, y el día ya empieza tarde antes del primer azulejo.
Un apartamento ocupado, o uno en el que el cliente todavía vive, no es una obra abierta. Solo entra quien tiene que estar ese día, en las horas que acordaste. La llave, el código y el nombre de quién está en casa se quedan en la obra, no en la cabeza de una sola persona. Quien abre por la mañana tiene que poder leerlo sin llamarte desde la calle.
Qué escribes
- Cuántas llaves hay, y quién tiene cada una
- Un código o un portero, si hay uno, y cuándo se cambió
- En qué horas se puede entrar, y quién de la casa está
- Qué habitaciones están cerradas a la cuadrilla
- A quién llamar si nadie abre
Si la llave pasa de una persona a otra durante la semana, actualízalo el mismo día. Una llave que pasó al alicatador y no se escribió es una llave que no encuentras el día en que el alicatador no viene. Al final del día la llave vuelve a la persona de la nota, no se queda en un bolsillo. Si dos cuadrillas se siguen, el pase de la llave se escribe como el pase del trabajo, con la hora.
Un apartamento en el que vive el cliente
Escribe quién está en casa y qué no se debe mover. La habitación de un niño sigue cerrada, un armario no se abre, un perro, las horas en que no se puede taladrar. No son modales. Son la razón por la que un cliente para la obra a mitad de semana. La cuadrilla lee las líneas antes de subir, no después de una queja. Un mueble apartado para pasar un saco de material vuelve a su sitio antes de irte, y eso se dice por la mañana.
No dejes el apartamento abierto cuando sales a por material. Ciérralo, aunque sean diez minutos. Si no puedes cerrarlo porque la llave no está contigo, no te vayas hasta que alguien se quede. Un apartamento abierto sin nadie dentro es tu problema, aunque el cliente haya dicho déjalo abierto. Las herramientas, el azulejo y las cosas del cliente están en la misma habitación.
Cuando cambia la cerradura o el código
Un código nuevo se escribe el mismo día para quien entra mañana, y el código viejo sale de la nota. No dejes los dos. Una llave perdida se escribe enseguida: quién la tenía, cuándo se vio por última vez, y si hay que cambiar el cilindro antes de seguir. Espera el cambio solo si el cliente confirmó por escrito que la llave apareció. Mientras el cilindro no esté decidido, la cuadrilla no se queda delante de una puerta que no puede asegurar.
El día de la entrega las llaves vuelven al cliente, y la nota se cierra: cuántas se entregaron, cuántas se sustituyeron, y la cuadrilla no guarda ninguna copia. Una copia que se quedó con un subcontratista después de la entrega es una llave que ya no es tuya, y tienes que decirlo antes de irte. El cliente firma el número de llaves a la vez que la página de garantía, para que las dos se cierren juntas.
Un día que no se abre a tiempo es un día que pagas sin trabajo. La nota corta es lo que abre la puerta.